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Las acciones morales

De Wikillerato

(Redirigido desde Las acciones morales.)
Detalle de un fresco de Rafael Sanzio
Detalle de un fresco de Rafael Sanzio

El uso práctico de la razón, permite al ser humano transformar la naturaleza para alcanzar el bienestar y una vida más feliz. Podemos hacer muchas cosas; crear artefactos, convivir en sociedad; la infinita capacidad técnica que disponemos, nos plantea preguntas morales, tales como las siguientes y muchas otras que surgen en nosotros todos los días:

  • ¿Debemos o no debemos hacer cosas así?
  • ¿Hemos hecho bien o mal al tomar una decisión?
  • ¿Se pueden sacrificar plantas y animales en beneficio del progreso tecnológico e industrial?
  • ¿Podemos hablar de una operación quirúrgica técnicamente perfecta cuando el enfermo se nos ha muerto?
  • ¿Podemos aprobar hechos históricos contemporáneos como el genocidio en diversas partes del mundo; los delitos contra la humanidad; el holocausto judío; la bomba atómica en Hirosima; el conflicto en los Balcanes; las matanzas hutus y tutsis en África; el hambre y las enfermedades que aquejan este continente; el sistema de Appartheid en Sudáfrica, la ausencia de libertad en determinados estados con un poder férreamente establecido?
  • ¿Son justas las reclamaciones de libertad e independencia del pueblo Tibetano frente al estado de China?
  • ¿Se puede justificar el control de los EEUU en los problemas que padece el mundo actual: Vietnam, Bosnia, Kosovo, Oriente Medio, Irán e Irak?
  • ¿Hay normas universales que dirigen nuestra conducta sobre lo que debemos o no debemos hacer?
  • ¿Nuestras acciones son provechosas o malignas y nocivas?
  • ¿Qué fin persiguen nuestras acciones?
  • ¿Es la felicidad el bien último que buscamos?

Todas estas preguntas, intenta contestarlas la Ética, que es la parte de la Filosofía que investiga las acciones morales. La ética intenta hacer comprensible en qué consiste la moralidad de las acciones; es decir, si son buenas o malas, beneficiosas o perjudiciales; también fundamenta por qué hay moral como propiedad esencialmente humana, producto de la libertad.

Las personas somos morales ya que a la hora de actuar nos planteamos distintas posibilidades entre las que elegir; y esta elección debemos justificarla ante nosotros mismos y ante los demás. Por último y, como consecuencia de lo anterior, la ética da las normas para orientar las acciones humanas de acuerdo con las leyes morales; normas de conducta que nos encaminan hacia la justicia y la felicidad.

Aristóteles en la Ética a Nicómaco afirma

« La felicidad por sí sola es suficiente para hacer la vida deseable y que no le falte nada. »


Cuando repetimos comportamientos que nos predisponen a obrar bien, siguiendo las leyes morales, alcanzamos unos hábitos de comportamiento que se llaman virtudes; en cambio, cuando transgredimos las leyes morales y repetimos comportamientos que nos predisponen a obrar mal, caemos en los vicios.

No siempre es fácil conocer las virtudes y evitar los vicios, y ésta es precisamente la enseñanza de la ética que nos ayuda a alcanzar una conciencia moral.

En general tenemos conciencia, cuando nos damos cuenta de algo que sucede, o de alguna acción que realizamos. La conciencia moral, significa además la capacidad de distinguir lo moralmente bueno y lo moralmente malo. Contiene dentro de sí un cierto número de principios que rigen y orientan nuestra vida.

Sin embargo no es suficiente conocer los principios generales como el respeto a la vida o la dignidad humana; sino que necesitamos juicios concretos para aplicarlos al tomar una decisión moral. Comprender los principios morales es, en realidad, saber aplicarlos; en cuyo caso muchas veces no seguimos los dictados de nuestra conciencia; por ejemplo sabemos que tenemos que ponernos a estudiar y trabajar fuerte para sacar buena nota en un examen, pero no lo hacemos o nos distraemos con otras cosas. En estos casos, la conciencia realiza una autocrítica y nos sentimos culpables de no haber hecho lo que debíamos.

La conciencia moral es un hecho de la vida humana, tan real como el hecho del conocimiento. La conciencia moral se desarrolla con la persona y tiene mucho que ver con la educación que recibe y la sociedad en la que se desarrolla; existen diferencias según la cultura y los modos de pensamientos presentes en ella. No es lo mismo una sociedad occidental industrializada que una sociedad islamizada.

Éste es uno de los principales problemas que se nos plantean en ética: la universalidad de los valores morales que deben dirigir e iluminar nuestra conciencia moral.

Está muy extendida la opinión de que la moral es algo subjetivo o relativo a las costumbres sociales y que varía según las épocas históricas; y, por tanto es mejor ni siquiera hablar de ello. Es lo que se llama escepticismo moral; cuyos practicantes ni siquiera lo reconocen en la mayor parte de los casos.

El escepticismo moral niega la posibilidad de encontrar criterios o leyes universales que dirijan nuestra conciencia moral. La forma más conocida en la que se vierte, es el relativismo moral que afirma que las leyes morales cambian con las épocas, las culturas y los grupos humanos.

Lo justo o injusto, lo bueno o malo; son relativos al grupo y a la sociedad que los mantiene. La historia y la antropología, parecen fundamentar el escepticismo moral al presentarnos prácticas morales muy diferentes entre sí.

Sin embargo es también verdad que no siempre revelan diferencias, ya que todas las sociedades tienen prohibiciones y castigos cuando se le quita a alguien la vida injustamente; todas ellas tienen normas sobre la educación y la familia; sobre la posesión y la propiedad privada; sobre el respeto a la vida humana, aunque no siempre estas leyes morales se lleven a la práctica.

El relativismo moral fue enunciado en el siglo V antes de Jesucristo, por un filósofo llamado Protágoras en la Grecia clásica, son su famosa frase: «El hombre es la medida de todas las cosas»; y por tanto de lo bueno y lo malo.

Esta teoría del homo - mensura puede entenderse en tres sentidos:

  1. Relativismo subjetivista: según el cual la valoración moral es cosa de cada persona individualmente considerada. Cada uno tiene su verdad; todas las opiniones son verdaderas; y por tanto, cada uno tiene su idea de la moral. La moralidad de las acciones es cosa individual.
  2. Relativismo sociológico o cultural: Aquí el hombre se entiende como la sociedad. La moralidad depende de la sociedad o del momento histórico en el que se vive
  3. Relativismo transcendental: el hombre se entiende como especie humana. La moral es relativa al ser humano, y su conciencia del deber.

El relativismo transcendental lo expresó el gran filósofo alemán Manuel Kant en el siglo XVIII, en su llamado imperativo categórico:

« Obra de tal manera que tu conducta sea un ejemplo para los demás»

Este imperativo también lo formuló:

« Obra de tal modo que trates a la humanidad tanto en tu persona como en la de cualquier otro como un fin y no solamente como un medio»


Para comprobar si un mandato es una ley moral – tercera formulación del imperativo categórico–; habría que comprobar si podría estar vigente en un «Estado de seres racionales que se trataran entre sí como fines y no como medios».

El relativismo transcendental kantiano; alcanza sin embargo, una perspectiva universal, al potenciar a la persona humana como fin y fundamentar la moral en la libertad y en la buena voluntad que han de poner las bases de un Estado racional y justo que permita el progreso de la humanidad. (Profundizaremos más en este punto en el tema de La Política y los juicios políticos).

Otra forma de relativismo moral, es el llamado emotivismo, según el cual la bondad o maldad moral, se manifiesta según los sentimientos que despierta en nosotros.

David Hume -–filósofo empirista inglés-– en el siglo XVIII, afirmó la incapacidad de la razón para ayudarnos a discernir lo bueno de lo malo. Por ejemplo, cuando alguien pone en peligro su vida para salvar a otros; tenemos un sentimiento de simpatía. Ante el asesino que mata a sus víctimas para robarles, sentimos una antipatía o rechazo.

Según el emotivismo moral, los juicios morales pretenden provocar actitudes en los demás. Si tengo rechazo a la pena de muerte, procuro influir en los demás para que también la rechacen, aprovechando la función directiva del lenguaje.

Estas corrientes relativistas, están muy extendidas -–especialmente el relativismo sociológico-–, y no siempre es fácil refutarlas. Sin embargo hay que reconocer sus puntos débiles y su incapacidad para explicar la moralidad misma.

Por ejemplo si juzgamos que algo es justo o injusto; estas dos palabras no expresan solamente una opinión subjetiva o relativa al grupo social; si no la exigencia de que todo el mundo lo tenga por justo.

Así sucede con conceptos como la solidaridad y la responsabilidad; la paz entre los pueblos; la igualdad entre hombres y mujeres; la abolición de la opresión y la desigualdad; el derecho a la educación etc.; no son valores relativos a las culturas, si no que tienen un alcance absoluto.

Por otro lado, si alguien afirma que «no existen generalizaciones verdaderas moralmente», equivale a decir que nadie puede equivocarse en sus creencias morales; pero esto es incompatible con la realidad en la que condenamos severamente los delitos contra la humanidad, el genocidio, los campos de concentración, las matanzas etc. Sin ir más lejos, los propios estudiantes son muy sensibles a las injusticias cometidas contra ellos, a recibir una nota insuficiente cuando han trabajado mucho; a rechazar la hipocresía social etc.

De igual modo, cuando explicamos por qué consideramos algo justo, damos razones suficientes para convencer a cualquier ser racional y no sólo para ganar adeptos o influir psicológicamente como en la propaganda. En este caso, habría una manipulación, y podríamos rechazarla; manipular a otros es precisamente desvirtuar la moral; infringir un mal moral.

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